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‘X-Files argentinos’: el piloto que esclarece avistamientos de ovnis desde hace cinco años


Experto. Ruben Lianza, en su oficina del Edificio Cóndor. Fue piloto de prueba y jefe de la Base Marambio. Hoy investiga ovnis. Foto:Marcelo Aballay

Es el responsable de la Comisión de Estudio de Fenómenos Aeroespaciales. Durante 2016 resolvió 40 denuncias tras aplicar conocimientos de astronomía, meteorología y óptica.

Hace setenta años nacía un mítico debate que aún continúa: en 1947, el avistamiento de una “escuadrilla de platillos volantes” y el “incidente Roswell”, en el desierto de Nuevo México, se convirtieron en los puntos de partida del fenómeno ovni (objetos voladores no identificados). Hoy existen dos bandos: los que aseguran que hay extraterrestres sobrevolando la Tierra y los que, antes de emitir una opinión definitiva, prefieren analizar en forma detallada, sin posturas extremas y usando herramientas científicas, cada denuncia, fotografía y video sobre el tema.

En Argentina, desde 2011, esa tarea recae en la Comisión de Estudio de Fenómenos Aeroespaciales (Cefae) que depende de la Fuerza Aérea Argentina. Su actual director es Rubén Lianza, un experimentado piloto de pruebas, ya retirado de la FAA, que fue jefe de la Base Marambio, además de ser astrónomo aficionado y estudioso del mundo ovni desde hace cuatro décadas.

“Durante 2016 investigamos –y explicamos– cuarenta denuncias que nos enviaron desde casi todas las provincias”, le contó Lianza a PERFIL desde su oficina en el Edificio Cóndor. “Y el año pasado pudimos resolver satisfactoriamente todos los incidentes reportados, tras analizar las imágenes con softwares especiales, evaluar los testimonios, buscar datos y aplicar técnicas de astronomía, meteorología y óptica”. Todo esto lo realiza sin ningún presupuesto específico asignado al área, ya que “la fuerza tiene otras necesidades operacionales mucho mayores y urgentes”.

Al Cefae las denuncias suelen llegar a través de un formulario de contacto ubicado en la página https://www.faa.mil.ar/mision/cefae.html. “La mayoría son testimonios y fotografías tomadas con cámaras digitales y algunos videos. En casi todos se observan diferentes objetos volando, muchos con forma de platillo. Y el fotógrafo asegura que al tomarla no se veía avión, helicóptero ni pájaros. A veces son tomas nocturnas y en la foto se ven una o varias luces en el cielo”.



Paso a paso. Lianza es el encargado de realizar un trabajo detectivesco para identificar cada objeto volador, apoyándose en diversas técnicas y siguiendo una metodología sistemática. “Algo común son las causas biológicas, desde aves a insectos que cruzan frente a la cámara. Eso se estudia con programas que permiten analizar la foto pixel por pixel, incluyendo herramientas que remueven el contorno borroso para ver la imagen sólida”.

Otra explicación común, detalla Lianza, son fenómenos ópticos o un defecto en la cámara: desde una rayadura en la lente a una gota de humedad que genere una dispersión espectral particular.
“En otros casos, por ejemplo cuando se ven luces en determinado punto del cielo, buscamos en bases de datos y se utilizan programas de simulación para determinar si la causa pudo ser el reflejo del Sol sobre las antenas de un satélite en órbita sobre ese punto geográfico. O la Luna, vista de día, pero en un ángulo y lugar no esperado por el fotógrafo”.

Según Lianza, otras causas son meteorológicas, como algunas nubes, lo que se comprueba analizando imágenes satelitales del momento y el lugar de la foto y los partes del Servicio Meteorológico Nacional detallando las condiciones climáticas. Finalmente, otros ovnis tienen explicaciones aeronáuticas: desde vuelos de aviones militares, drones o incluso globos estratosféricos como los de Google que proveen internet en zonas aisladas. Tras encontrar una explicación científica correcta, el ovni se transforma en ovi: objeto volador identificado.
—¿Qué pasa si quedan ovnis sin explicación?
—En el caso de que ocurriese, eso no garantiza que se trate de extraterrestes. Son expedientes que quedan abiertos para el año siguiente mientras buscamos nuevos datos y referencias a veces aportadas por grupos de trabajo de colegas de otros países como Francia, Chile, Uruguay o Perú, con los que se intercambia información. O ensayamos nuevas técnicas para que el informe alcance el grado de peritaje científico que exigen los estándares internacionales.
—¿Cree en lo personal que hay vida extraterrestre?
—Hoy ya existe una rama científica aceptada en el mundo que es la astrobiología. Y tiene dos enfoques: por un lado estudia temas como las bacterias extremófilas que podrían vivir en ambientes extremos en otros planetas. Pero otros expertos se dedican a analizar la posibilidad de que haya otras civilizaciones avanzadas que podrían, por ejemplo, estar emitiendo señales electromagnéticas. Por eso hace años hay varios proyectos SETI en el mundo. Desde la Cefae armamos una lista de asesores externos que incluye científicos de todo tipo, pero ninguno relacionado con lo paranormal. De hecho, sí sumamos a una astrobióloga argentina, pero no para hacer supuestas autopsias a presuntos extraterrestres, sino para que nos acompañe en nuestra tarea educativa.



A 70 años del caso Roswell
Una de las pocas veces en que la Fuerza Aérea de EE.UU. investigó y publicó informes sobre ovnis fue precisamente para aclarar Roswell. Según Lianza, quien recopiló abundantes datos sobre el tema, se trata de un mito que surge de una desafortunada mezcla de hechos y proyectos militares secretos de la época de la Guerra Fría y la carrera espacial. “Por un lado, en 1947 se recuperaron restos de un tren de globos estratosféricos usados en experimentos acústicos que buscaban determinar si era posible detectar detonaciones nucleares hechas por los soviéticos. En 1956, en esa misma zona se hicieron lanzamientos desde globos de maniquíes con forma humana con la intención de medir velocidades de caída para ajustar el diseño de paracaídas para los astronautas que participaban de ensayos de vuelo en la carrera espacial con la URSS. Treinta años más tarde, dos expertos en ufología reciclaron ambas historias, las embellecieron y lograron popularizarlas”. Hoy, gracias a esos relatos, Roswell se convirtió en un ícono del turismo.

FUENTE: http://www.perfil.com

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