viernes, 17 de febrero de 2017

La historia de Plutón y cómo dejó de ser un planeta


Plutón es el nombre del dios romano del inframundo- NASA / Johns Hopkins University Applied Physics Laboratory / Southwest Research Institute

Se cumplen 87 años del descubrimiento del pequeño mundo de las afueras del Sistema Solar. Los últimos hallazgos muestran que es un lugar tan sorprendente como lleno de secretos

Su nombre, idea de una niña de 11 años

A principios de 1930 Clyde Tombaugh estaba inmerso en la que probablemente fuera una de las tareas más tediosas para un astrónomo. Tenía que buscar un nuevo planeta en el Sistema Solar, pero debía hacerlo de una forma bastante artesanal: a ojo. En concreto, tenía que comparar fotografías del cielo nocturno tomadas con varios días de separación para tratar de averiguar si alguno de los puntos luminosos se había movido. Dado que las estrellas están muy lejos, no se mueven con el paso de los días. Pero no pasa lo mismo con los planetas, que están mucho más cerca de la Tierra. Por eso, si un punto luminoso se mueve puede ser un planeta.


El descubridor de Plutón, Clyde Tombaugh- WIKIPEDIA

Después de meses de duro trabajo, el 18 de febrero de 1930 Tombaugh halló el que parecía ser el noveno planeta en el Sistema Solar.

Apenas se sabía nada sobre aquel mundo, pero cuando el Observatorio Lowell (Estados Unidos) anunció el hallazgo, los buzones se llenaron de cartas con las sugerencias para nombrar al nuevo habitante del Sistema Solar.

Se rechazó llamarlo Cronos, Zyxmal o Minerva, entre otras muchas propuestas. Al final ganó la propuesta que hizo una niña británica de 11 años aficionada a la mitología clásica, Venetia Burney, que quiso nombrar al planeta en honor al dios romano del inframundo. Y así nació Plutón. Curiosamente, pocos meses después de aquello Mickey Mouse se hizo amigo del perro Pluto (Plutón en inglés). Y en 1941 un nuevo elemento químico recibió el nombre de plutonio, antes de saltar por los aires con la primera bomba atómica.

Aquel nombre recordaba por una parte que este nuevo mundo era muy lejano y estaba en un lugar tan oscuro y frío como el inframundo. Y por otra, las letras «P» y «L» de Plutón hacían honor a Percival Lowell, un millonario de Boston aficionado a la astronomía que inició la búsqueda de este noveno planeta. Y que, por cierto, fundó el Observatorio Lowell que descubrió Plutón.

El escurridizo noveno planeta
La historia del noveno planeta comenzó en 1905, el año en que Einstein publicó su Teoría de la Relatividad. Por entonces, se había observado una anomalía en la órbita de Urano, que para Lowell podía ser el indicio de que más allá había un planeta enorme que tiraba de él. Así que solo faltaba buscarlo.

Los astrónomos descubrieron un tiempo después que Plutón era en realidad un mísero planeta enano y que no podía ser ese gigantesco noveno cuerpo. Por eso, ya en pleno 2017, los astrónomos siguen buscando al Planeta X, que supuestamente falta por descubrir en el Sistema Solar. Eso sí, ahora no se considera que haga falta este planeta para explicar las anomalías detectadas en Urano.

FUENTE: ABC.ES

Hallan ingredientes esenciales para la vida en el planeta enano Ceres


El planeta enano Ceres - Archivo

Los científicos no descartan que este pequeño mundo pudiera albergar algún tipo de organismo primitivo en el pasado

Ceres, el mayor de los cuerpos del Cinturón de Asteroides, un anillo de rocas de todos los tamaños situado entre Marte y Júpiter, alberga algunos de los ingredientes imprescindibles para la vida. Un grupo internacional de científicos acaba de anunciarlo en la revista «Science», un descubrimiento crucial llevado a cabo a partir de los datos de la sonda Dawn de la NASA, que orbita el planeta enano desde la primavera de 2015. Los investigadores están convencidos de que los compuestos orgánicos se formaron en el interior de ese pequeño mundo, y que no llegaron al mismo por el impacto de asteroides o cometas. El hallazgo abre la posibilidad de que algún tipo de organismo primitivo se desarrollara allí alguna vez y amplía la lista de lugares del Sistema Solar que pudieron albergar vida.

El equipo dirigido por Maria Cristina De Sanctis, del Instituto Nacional de Astrofísica de Italia, utilizó el espectrómetro cartográfico de luz visible e infrarrojo de la nave espacial para observar la superficie de Ceres cerca de un cráter llamado Ernutet, de 50 km de diámetro y situado en el hemisferio norte del planeta enano. El instrumento detectó una concentración inusualmente alta de materia orgánica, componentes basados en el carbono que podrían ser parte de la química que crea la vida. Aunque los datos no son suficientes para determinar exactamente cuáles son los compuestos moleculares presentes, estos coinciden con minerales similares al alquitrán, como las asfaltitas.

Los científicos creen que la distribución y características de estos elementos hacen poco probable que se depositaran allí por el impacto de una fuente externa, como un cometa o un asteroide. Además, el calor extremo producido por un choque tan brutal habría sido suficiente para destruir esos compuestos. Como Ceres alberga una gran cantidad de agua (incluso sugieren que pudo contener un océano subterráneo y que quizás se mantenga hoy en día bajo ciertas condiciones) y podría haber retenido calor interno de su período de formación, hace 4.500 millones de años, en los albores del Sistema Solar, los científicos creen que los compuestos orgánicos se debieron desarrollar en el interior del cuerpo planetario.

Un señal «muy fuerte»
«La firma que se ha identificado en Ceres es muy fuerte, aunque limitada en extensión, y muy diferente de otras firmas asignadas a orgánicos en otros objetos del Sistema Solar», dice De Sanctis a ABC. Los científicos de Dawn continuarán estudiando el planeta enano para identificar cómo esos materiales pudieron ser transportados desde su interior a la superficie.

Pero el aspecto más intrigante de la investigación es la posibilidad de que Ceres pudiera haber albergado algún tipo de vida en el pasado. «Tiene los ingredientes clave para ello (N, C, H, O) y además una química muy interesante, pero no podemos afirmarlo. Simplemente, no lo sabemos», explica la investigadora.

En un comentario que acompaña al estudio en «Science», Michael Küppers, científico planetario del Centro Europeo de Astronomía Espacial de la Agencia Espacial Europea (ESA) en Madrid, tampoco descarta que algún tipo de vida primitiva pudiera haberse desarrollado en el planeta enano. De esta forma, Ceres se une a la apasionante lista de lugares del Sistema Solar que pudieron albergar vida. «El más destacado es Marte, pero la situación de Ceres es más similar a la de algunos de los satélites de Júpiter y Saturno, como Europa o Encelado», explica a ABC. «Lo que hace que Ceres sea tan interesante, a mi juicio, es que es más fácil de ser alcanzado por misiones espaciales que los satélites de los planetas gigantes, que están más lejos y en un ambiente con mucha radiación», prosigue. El problema de cómo investigar un océano potencial a varios kilómetros por debajo de la superficie sigue siendo difícil para todos esos objetos, por supuesto, pero «quizás el radar puede ser una solución».

FUENTE: ABC.ES

Zealandia, ¿el continente oculto de la Tierra?


Vídeo: James Cameron viaja a España en busca de la Atlántida - ATLAS

La enorme masa terrestre, formada por Nueva Zelanda y otras islas, está en su mayor parte sumergida

Puede que un continente entero haya pasado desapercibido a nuestros ojos. Un grupo de geólogos asegura que se encuentra sumergido en el suroeste del Océano Pacífico, una amplísima extensión de terreno bajo el agua de la que sobresalen Nueva Zelanda, Nueva Caledonia y otras islas, y que tiene entidad suficiente para ser considerada una masa continental separada, a la que llaman Zealandia. La propuesta aparece publicada en la revista GSA Today, de la Sociedad Geológica de América.

Zealandia cubre 4,9 millones de km cuadrados, de los cuales el 94% están bajo el agua. El equipo del Instituto de Investigación GNS Science de Nueva Zelanda cree que se trata de una entidad geológica claramente distinta, ya que cumple con todos los criterios aplicados a los otros continentes, como la elevación del terreno por encima de los alrededores, una geología distintiva, un área bien definida y una corteza más gruesa que la que se encuentra en el fondo del océano. Abarca Nueva Zelanda, Nueva Caledonia, Isla Norfolk y la Isla de Lord Howe.

No es la primera vez que Zealandia se propone como continente. El asunto ha sido objeto de debate desde hace dos décadas, pero los autores del último trabajo están cada vez más convencidos de su existencia.

La razón geológica
Si esta propuesta fuera aceptada por la comunidad científica, Zealandia se convertiría en el séptimo continente según el modelo tradicional que incluye Europa, Asia, América, África, Oceanía y la Antártida. Hay otros modelos que dependen del área cultural: «¿Son América del Norte y América del Sur continentes verdaderamente independientes con su conexión a través del istmo de Panamá? ¿Dónde y por qué se pueden distinguir Europa, África y Asia teniendo en cuenta la Península del Bósforo y del Sinaí?», se preguntan los investigadores. Ellos sugieren una razón geológica para dividir los continentes, de forma que sean grandes áreas identificables que yacen sobre la corteza continental. Este razonamiento es lo que les lleva a pensar que Zealandia también debería tener su propia identidad. Según ellos, uno solo tiene que mirar un mapa barimétrico para apreciar la cuestión.

FUENTE: ABC.ES

Documentos de Gendarmeria del año 1968 (Argentina)



La desclasificación en la Argentina va dando sus frutos con la aparición de documentos de diferentes épocas, producto del trabajo de investigadores argentinos que han logrado a lo largo de sus vidas, ir a fondo con la búsqueda de documentación que diera luz a muchas de las denuncias.

En este caso, gracias a la labor incansable de Roberto Banchs, que en sus innumerable incursiones por diversas provincias argentinas tras el fenómeno, dio con una serie de documentos provenientes de la Gendarmería Nacional.

Los mismos fueron recopilados por un decano investigador cuyano, que siguió de cerca los acontecimientos de las diversas localidades lindantes a la cordillera, que en contacto con patrullas de la mencionada fuerza, no sólo logró expedientes de denuncias, sino a múltiples testimonios de fuentes directas. Por razones particulares no podemos revelar el nombre de ese investigador, pero si la fuente de Gendarmería que en su momento dio la autorización para hacer públicos estos documentos, que salen a la luz por primera vez.

La Revista UFO PRESS (1), Nro 14 del Octubre de 1982 – Año V (pag 5-8), expuso a través de un artículo del investigador Oscar Uriondo, cada uno de los casos en forma muy detallada.

La autorización proviene del Comandante Principal (RE) Rodolfo Draller, quien en su momento estuviera a cargo de los escuadrones de la zona cordillerana de Chos Malal, Provincia de Neuquén.

A continuación compartimos con ustedes muchos de esos documentos:















La Gendarmería nuevamente nos da la posibilidad de acceder a reportes de observaciones, mostrando claramente un registro ordenado, detallado y pormenorizado de las observaciones.

Encontrarán denuncias del año 1968 con fechas, horas y responsables firmantes de esos informes. A continuación un detalle de lo recopilado.

Día de la Observación: 23 de enero 1968 a las 22:30 Hs. / Informe realizado: 6 de febrero / Reporte realizado: Comandante Principal: J.B.Farías.

Día de la Observación: 30 de enero 1968 a las 17:00 Hs. / Informe realizado: 10 de febrero / Reporte realizado: Sargento 1ro. J. Gómez de la Cruz.

Día de la Observación: 19 de mayo 1968 a las 05:59 Hs. / Informe realizado: 28 de mayo / Reporte realizado: Comandante Principal: R. Dreller.

Día de la Observación: 16 de julio 1968 a las 00:15 Hs. / Informe realizado: 19 de julio / Reporte realizado: Alférez N.A. Palacios.

Día de la Observación: 17 de julio 1968 a las 00:15 Hs. / Informe realizado: 25 de julio / Reporte realizado: Comandante Principal: J.B.Farías.

Día de la Observación: 18 de julio 1968 a las 00:15 Hs. / Informe realizado: 25 de julio / Reporte realizado: Comandante Principal: J.B.Farías.

Día de la Observación: 23 de agosto 1968 a las 20:15 Hs. / Informe realizado: 24 de agosto / Reporte realizado: Sargento 1er. Oficial (1) L.M. Elizaincin.

Día de la Observación: 05 de septiembre 1968 a las 03:45 Hs. / Informe realizado: 06 de septiembre / Reporte realizado: J.P.Videla.


Nuestro objetivo es ver si podemos encontrar algún testigo viviente de estas experiencias y poder obtener un reporte directo de las vivencias.

FUENTE: http://www.cefora.com.ar/archivos/178

miércoles, 15 de febrero de 2017

Hallado un ensayo de Winston Churchill sobre la vida extraterrestre


Winston Churchill, en su despacho - Archivo

El exprimer ministro británico razona en un artículo de 1939 sobre la existencia de otros planetas habitables y se pregunta si nuestra civilización es la única en el Universo

Winston Churchill, líder en tiempos de guerra y uno de los políticos más influyentes del siglo XX, era también un apasionado de la ciencia y sentía una profunda curiosidad sobre la posibilidad de la existencia de vida extraterrestre. Tal era su interés en la materia que en 1939, cuando Europa estaba al borde de la contienda, el exmandatario británico escribió un ensayo en el que exponía de forma razonable las condiciones necesarias para la vida en otros planetas y expresaba sus dudas de que nuestra errática civilización fuera la única en el Universo. El documento de once páginas fue probablemente escrito para ser publicado en el periódico londinense «News of the World» como una pieza de divulgación popular, pero nunca vio la luz. Después de permanecer décadas conservado en los archivos del US National Churchill Museum en Fulton, Missouri (EE.UU.), ha sido dado a conocer recientemente. Su contenido aparece resumido en la revista «Nature», en un comentario firmado por el astrofísico Mario Livio, autor de «La proporción áurea», quien asegura que el famoso primer ministro «razonaba como un científico».


El ensayo científico sobre vida extraterrestre de Churchill- Mario Livio

Churchill revisó su primer borrador acerca de la vida extraterrestre a finales de los años 50 para reflejar los cambios en el conocimiento y la terminología científica. Por ejemplo, el título pasó de «¿Estamos solos en el espacio?» a «¿Estamos solos en el Universo?». El texto mecanografiado se basa en el Principio de Copérnico que, generalizado, viene a decir que, dada la inmensidad del Universo, es difícil creer que los humanos sobre la Tierra sean algo único. Define la vida como la capacidad de «reproducirse y multiplicarse» y apunta que para su existencia son fundamentales ciertas condiciones, como la presencia de agua. No mucho ha cambiado desde entonces porque, como recuerda Livio, el líquido elemento «todavía hoy guía nuestra búsqueda de vida extraterrestre: en Marte, en las lunas de Saturno, en Júpiter o en planetas extrasolares».

Además, el político define lo que hoy se conoce como zona de habitabilidad, la estrecha región alrededor de un estrella que no es ni tan fría ni tan caliente, en la que puede existir agua líquida sobre la superficie de un planeta rocoso. Escribe que la vida puede sobrevivir en regiones «entre unos pocos grados de congelación y el punto de ebullición del agua», cómo la temperatura de la Tierra es fijada por su distancia al Sol y cómo un planeta puede retener su atmósfera.

Viaje a por el Sistema Solar
Teniendo en cuenta todos esos elementos, Churchill concluía que Marte y Venus eran los únicos sitios del Sistema Solar además de la Tierra que podrían albergar vida. Descarta los planetas exteriores por ser demasiado fríos; a Mercurio, demasiado caliente en la cara iluminada y demasiado frío en la oscura; y a la Luna y los asteroides, por tener una gravedad demasiado débil para atrapar atmósferas.

Pero es que además, Churchill plantea la posibilidad de que otras estrellas tengan a su alrededor planetas, ya que «el Sol es solamente una estrella en nuestra galaxia, la cual contiene miles de millones de ellas». Entonces, dice, es posible que un buen número de planetas extrasolares tengan el tamaño suficiente y estén a la distancia adecuada de su estrella como para albergar agua líquida en su superficie, una idea bastante avanzada para la época. Hay que tener en cuenta que la propuesta de Churchill fue elaborada décadas antes de que se descubriera el primero de los miles de exoplanetas ya conocidos, y años antes de que el astrónomo Frank Drake presentara su ecuación para estimar la cantidad de civilizaciones en nuestra galaxia que podrían emitir señales de radio. Eso sí, el político concluye que es posible que quizás no sepamos nunca si esos mundos «son el hogar de criaturas vivas, e incluso plantas».

Churchill también imaginó la exploración del Sistema Solar de forma casi profética. «Un día, posiblemente en un futuro no muy lejano, será posible viajar a la Luna, o incluso a Venus o Marte», escribió. Por el contrario, reconocía muchas más complicaciones para poder llevar a cabo un viaje interestelar.

El ensayo termina con entusiasmo y muestra que el autor conocía las teorías del astrónomo Edwin Hubble a finales de la década de los 20 y principios de los 30: «Con cientos de miles de nebulosas, cada una de las cuales contiene miles de millones de soles, hay enormes probabilidades de que muchas contengan planetas en los que la vida no sea imposible». Y en un giro algo más sombrío que refleja su convulso tiempo, apunta: «No estoy tan impresionado por el éxito de nuestra civilización como para pensar que seamos el único punto en el inmenso universo que contiene criaturas vivas y pensantes, o que seamos el tipo de desarrollo mental y físico más elevado que haya aparecido jamás en la vasta extensión del espacio y el tiempo». Hoy podría haberse expresado de una manera similar.

Livio recuerda que casi 80 años más tarde, la cuestión que obsesionaba al estadista británico sigue siendo uno de los puntos fundamentales de la investigación científica. Seguimos buscando señales de vida subterránea en Marte, presente o pasada, y las simulaciones del clima de Venus insinúan que una vez pudo ser habitable. Además, confiamos en encontrar en unos años un «gemelo» de la Tierra.

Churchill publicó en revistas y periódicos sobre evolución, células y energía de fusión, leyó a Darwin, apoyó la creación de laboratorios, telescopios y distintas tecnologías, tuvo un consejero científico y se reunía a menudo con las mentes más dotadas de su época, como Bernard Lovell, «padre» de la radioastronomía. Como dice Mario Livio, este enorme entusiasmo por la ciencia y la tecnología resulta «conmovedor» comparado con el desprecio demostrado por «algunos políticos de hoy en día».

FUENTE: ABC.ES

El Hubble ve la muerte de un cometa 100.000 veces más masivo que el Halley


Recreación artística que muestra un objeto masivo similar a un cometa cayendo hacia una enana blanca - NASA, ESA, y Z. Levy (STScI)

El objeto ha sido despedazado y disperso en la atmósfera de una enana blanca a 170 años luz de la Tierra

Los científicos que utilizan el telescopio espacial Hubble de la NASA han sido testigos por primera vez de cómo un objeto masivo con la apariencia de un cometa ha sido despedazado y disperso en la atmósfera de una enana blanca, los restos quemados de una estrella compacta, situada a 170 años luz de la Tierra en la constelación Bootes (el Boyero). El objeto tiene una composición química similar a la del cometa Halley, pero es 100.000 veces más masivo y tiene una cantidad de agua mucho mayor. También es rico en los elementos esenciales para la vida, como el nitrógeno, el carbono, el oxígeno y el azufre.

Estos hallazgos son la evidencia de la existencia de un cinturón de cuerpos similares a cometas que orbitan alrededor de la enana blanca, algo muy parecido al famoso cinturón de Kuiper de nuestro Sistema Solar. Aparentemente, estos cuerpos de hielo sobrevivieron a la evolución de la estrella, que se convirtió en una gigante roja hinchada y luego se derrumbó hasta convertirse en una pequeña y densa enana blanca.

Entre el 25% y el 50% de las enanas blancas están contaminadas con escombros de rocas, objetos similares a asteroides, pero esta es la primera vez que un cuerpo hecho de hielo, parecido a un cometa, se ha visto contaminando la atmósfera de una enana blanca.

Los resultados también sugieren la presencia de planetas invisibles, sobrevivientes que pueden haber perturbado el cinturón. Además, la enana blanca, captada por primera vez en 1974, forma parte de un sistema binario. Su estrella compañera, que está separada por 2.000 veces la distancia entre la Tierra y Sol, puede igualmente poner las cosas patas arriba en el sistema, causando que los objetos del cinturón viajen hacia la estrella venida a menos.

La importancia del nitrógeno
Esta ha sido la primera vez que se ha detectado nitrógeno en los restos planetarios que caen sobre una enana blanca, según explica Siyi Xu, del Observatorio Europeo Austral (ESO) en Garching, Alemania, quien dirigió el equipo que realizó el descubrimiento. «El nitrógeno es un elemento muy importante para la vida tal como la conocemos», apunta la investigadora. «Este objeto particular es bastante rico en nitrógeno, más que cualquier objeto observado en nuestro Sistema Solar».

Nuestro propio cinturón de Kuiper, que se extiende hacia fuera de la órbita de Neptuno, es el hogar de muchos planetas enanos, cometas y otros cuerpos pequeños sobrantes de la formación del Sistema Solar. Los cometas del ese cinturón pueden haber sido responsables de la entrega de agua y bloques de construcción básicos de la vida a la Tierra hace miles de millones de años.

Según los científicos, los nuevos hallazgos apoyan la idea de que los cuerpos helados también están presentes en otros sistemas planetarios, y que han sobrevivido a lo largo de la historia de la evolución de su estrella.

Para estudiar la atmósfera de la enana blanca, el equipo utilizó tanto el Hubble como el Observatorio WM Keck. Las mediciones de nitrógeno, carbono, oxígeno, silicio, azufre, hierro, níquel, y el hidrógeno proceden del telescopio espacial, mientras el Keck proporcionó los datos del calcio, magnesio e hidrógeno. Este es el primer objeto encontrado fuera de nuestro sistema que es similar al cometa Halley en composición.

FUENTE: ABC.ES

viernes, 10 de febrero de 2017

No, el planeta Próxima b no puede albergar vida


Un equipo de investigadores de la NASA desmonta la idea de que las enanas rojas puedan tener mundos habitables

La NASA acaba de poner a punto un nuevo modelo para averiguar si un planeta lejano puede considerarse habitable. Y aplicando ese modelo al mundo rocoso que orbita a nuestro vecino estelar más cercano, Próxima Centauri b, resulta que no es adecuado para albergar ningún tipo de vida. Un jarro de agua fría para todos aquellos que esperaban encontrar alguna clase de actividad biológica en el exoplaneta más próximo a la Tierra. El trabajo acaba de publicarse en Astrophysical Journal Letters.

El descubrimiento de Próxima Centauri b se anunció a bombo y platillo a finales de agosto del año pasado. De hecho, no solo se trataba de un mundo de tamaño parecido al nuestro, sino que se encontraba, además, en medio de la zona de habitabilidad de su estrella y se hallaron indicios de que su superficie podría, incluso, estar cubierta por un vasto océano de agua. La noticia causó tal impacto que, apenas unos días después, el multimillonario ruso Yuri Milner anunciaba un plan para recorrer los 4,37 años luz que nos separan de Próxima b y enviar allí, en los próximos 40 años, toda una flotilla de sondas para visitarlo y examinarlo más de cerca.

Como es sabido, la zona de habitabilidad de una estrella es un área a su alrededor en la que las temperaturas, ni demasiado calientes ni demasiado frías, permitan la existencia de agua en estado líquido, uno de los requisitos básicos para la vida. Generalmente, se considera que cualquier exoplaneta que gire alrededor de su estrella en esa zona privilegiada es, en potencia, un candidato ideal para buscar en él algún signo de vida. El principio se basa en el hecho de que aquí, en la Tierra, en cualquier lugar en el que haya agua la vida prospera de alguna forma.

Pero el mero hecho de que un planeta se encuentre en la zona de habitabilidad de su estrella no garantiza, de por sí, la presencia de océanos capaces de albergar criaturas vivientes. En efecto, sin una atmósfera adecuada, el agua en estado líquido no podría existir, ni siquiera en los mundos que se encuentran en esas órbitas privilegiadas.

Radiación
Hasta hace poco, las principales cualidades que se tenían en cuenta para determinar cuál es la zona habitable de una estrella eran la cantidad de radiación que emitía esa estrella y la masa del cuerpo que la orbitaba. Con el descubrimiento de grandes "super tierras", varias veces más masivas que la Tierra, los astrónomos crearon dos tipos diferentes de zonas habitables: una muy estrecha para los mundos rocosos como el nuestro y otra, más amplia, para planetas en condiciones de mantener atmósferas más gruesas que la de la Tierra y producir campos magnéticos más potentes que el nuestro.

Ahora, sin embargo, los investigadores del Centro de Vuelos Espaciales Goddard, de la NASA, aconsejan también tener muy en cuenta el "clima espacial" que rodea al planeta candidato, regulado siempre por la actividad de su estrella madre. De hecho, con suficientes erupciones solares enviando corrientes de partículas cargadas y radiación al espacio, incluso las atmósferas de los planetas que se encuentran dentro de la zona habitable podrían haber sido despojadas de los ingredientes necesarios para fabricar agua.

En palabras del científico solar Vladimir Airapetian, de la NASA, uno de los autores del estudio "si queremos encontrar un exoplaneta que pueda desarrollar y sostener vida, debemos averiguar primero qué tipo de estrellas pueden ser los mejores ´padres´".

Enanas rojas
Las enanas rojas, por ejemplo, se consideran candidatos excelentes. Se trata de pequeñas estrellas, con menos de la mitad de la masa de nuestro Sol y con temperaturas superficiales "más frescas", por debajo de los 4.000 grados centígrados. Dado que su brillo es más débil, resulta más fácil detectar los planetas que orbitan alrededor de este tipo de estrellas. Además, sus zonas de habitabilidad, muy estrechas y compactas, se habían considerado hasta ahora como ideales para albergar mundos potencialmente habitables.

Las esperanzas crecieron aún más cuando, hace ya varios años, Manoi Doshi, físico de la Universidad inglesa de East Anglia, sugirió varios cambios en el modelo vigente para determinar las zonas habitables, basándose en la forma en que el hielo absorbe la luz procedente de una enana roja. Sus cálculos "empujaron" la zona habitable de esta categoría estelar hasta un poco más lejos, reforzando la idea de que los sistemas planetarios alrededor de las enanas rojas, muy abundantes en nuestra galaxia, eran lugares especialmente adecuados para buscar signos de vida fuera de la Tierra.

Pero el nuevo modelo de la NASA acaba de echar un auténtico jarro de agua fría sobre esta idea.

Según William Danchi, otro de los miembros del equipo que ha calculado los nuevos parámetros a tener en cuenta, "la parte negativa es que las enanas rojas son también más propensas a tener erupciones estelares mucho más frecuentes y poderosas que las de nuestro Sol. Para evaluar el grado de habitabilidad de los planetas alrededor de estas estrellas, necesitamos comprender cómo los diversos efectos se equilibran".

Las erupciones estelares generan ráfagas de radiación de alta energía que rompen las moléculas en sus átomos constituyentes y las ionizan. Los electrones que son "golpeados" en el proceso se pierden fácilmente en el espacio, dejando tras de sí todo un manojo de partículas cargadas. Con el tiempo, las partículas con carga positiva son enviadas lejos de la superficie del planeta, en un proceso llamado "escape de iones", erosionando la atmósfera. Y el hidrógeno, esencial para el agua y el elemento más ligero, es el más vulnerable a este proceso.

Para determinar cómo afectaría todo esto a la presencia de agua, los investigadores de la NASA hicieron un modelo informático de las poderosas "superllamaradas" producidas por las enanas rojas y estudiaron sus efectos en las hipotéticas atmósferas de los planetas en órbitas cercanas. El resultado fue que también elementos más pesados, como el oxígeno y el nitrógeno, eran arrancados de las atmósferas y lanzados al espacio exterior, convirtiendo esos mundos en inhabitables en un plazo de unos pocos cientos de millones de años.

Teniendo en cuenta que esos elementos más pesados, además de ser los constituyentes de agua, desempeñan también un papel fundamental en el desarrollo de vida tal y como la conocemos, resulta muy poco probable que los planetas que estén cerca de una enana roja dispongan de reservas de agua en estado líquido.

Al aplicar este modelo al recientemente descubierto planeta rocoso en órbita de la estrella más cercana a nosotros, la enana roja Próxima Centauri, los investigadores hallaron que, con toda probabilidad, ese mundo perdió la mayor parte de su oxígeno atmosférico durante los diez primeros millones de años de su existencia. Lo cual se opone frontalmente a la idea que que Próxima Centauri b podría albergar un vasto océano. La suma de frecuentes tormentas solares y una intensa actividad magnética lo sitúan, además, muy lejos de ser el lugar ideal para albergar cualquier clase de vida.

En palabras de Airapetian, "a medida que aprendemos más acerca de lo que necesitamos tener en una estrella anfitriona, nos damos cuenta de que nuestro Sol es solo una más entre esas estrellas progenitoras perfectas, una que fue capaz de mantener vida en la Tierra".



FUENTE: ABC.ES