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El día en que el hombre rozó el sueño de la vida en Marte


La Viking 2 se toma un «selfie» en la Planicie Utopía. Estados Unidos envió dos naves idénticas, las Viking 1 y 2, con apenas un mes de separación - NASA

Hace 40 años que Estados Unidos logró aterrizar en la superficie del planeta rojo y recoger datos sobre la geología y la presencia de vida con la nave Viking 1. Uno de los experimentos confirmó la presencia de vida marciana

La ciencia y la tecnología avanzan tan rápido que cuando se echa la vista atrás el pasado resulta tierno y sorprendente. Con apenas restarle unas decenas de años al calendario, se llega a un tiempo en que no había teléfonos móviles, en el que los libros de texto no reflejaban imágenes en detalle de los planetas de nuestro vecindario, o en el que no se había deducido la existencia de los agujeros negros.

Así era el mundo cuando en 1969 el Apolo 11 lograba poner al hombre en la Luna. El mundo tiritaba en una Guerra Fría que se traducía en el lanzamiento de satélites y humanos al espacio, y en correrías de submarinos armados hasta los topes con armamento nuclear. Fue en medio de este quilombo, apenas siete años después de que Estados Unidos coronara su carrera espacial con el archiconocido «salto para la humanidad» de Neil Amstrong, cuando un 20 de julio de 1976, los poderosos Estados Unidos de América volvían a batir al gigante soviético.

Si la industria comunista fue sumamente eficaz en la producción de neveras y automóviles fiables y espartanos, parece que en el sueño de explorar Marte la cosa no fue tan bien. Es cierto que los soviéticos fueron los primeros en tocar Marte, pero solo lo hicieron a través del golpetazo de sus sondas, incapaces de aterrizar con suavidad para no acabar despedazadas.

Donde los «rojos» habían fracasado una y otra vez con el lanzamiento de cohetes y satélites a Marte, los estadounidenses se mostraban victoriosos. De una sola tacada, con dos naves idénticas lanzadas con apenas un mes de separación, las Viking 1 y 2, lograban sobrevolar y aterrizar en el planeta rojo.

Cada una de ellas estaba provista de un orbitador de enlace, capaz de tomar mediciones y de comunicarse con la superficie de Marte, y de un «lander», un robot capaz de aterrizar para tomar muestras, y que alcanzaba un peso de cerca de 2.300 kilogramos.

Después de que la Viking 1 llegara a Marte el 19 de junio, y la Viking 2 el 7 de agosto, comenzaron a recoger su tesoro científico. Gracias a sus esfuerzos obtuvieron imágenes con un nivel de detalle sin precedentes y nuevos datos sobre la estructura de la atmósfera y la superficie marcianas. También se tomaron imágenes de Phobos, una de las lunas de Marte, se midieron temperaturas y velocidades de viento. Se obtuvieron detalles inéditos sobre volcanes, llanuras de lava y cañones. Se comenzó a entender mejor cómo podían ser los ciclos de viento y agua.

Pero en realidad, el proyecto fue un poco decepcionante. Su gran ambición era nada más y nada menos que detectar las primeras huellas de vida fuera de la Tierra. Y, aunque en un momento se alzaron las campanas al vuelo, todo quedó en nada.

Los dos «landers» llevaron a cabo tres experimentos científicos destinados a buscar señales de vida. Descubrieron huellas químicas imprevistas, pero no pudieron concluir que allí hubiera vida en forma de microorganismos (ni desde luego en forma de marcianos antropoides).

Pero, durante algún tiempo, la posibilidad de haber encontrado vida estuvo sobre la mesa. Aunque en un principio, uno de los experimentos dio positivo para la vida, los otros dos experimentos nunca confirmaron estos resultados.

Pero gracias a este vistazo, los científicos averiguaron que Marte era un lugar realmente inhóspito. En un solo lugar se unían la radiación ultravioleta, apenas frenada por la tenue atmósfera marciana, otras radiaciones, no frenadas por el casi inexistente campo magnético marciano, una extrema aridez de la superficie y la atmósfera y la presencia de un entorno muy oxidante. Todo ello convertirían la vida en la superficie en una auténtica utopía.

Aún así, la misión Viking fue todo un éxito. Inauguró una etapa de exploración y superó las expectativas. Superó con creces los 90 días para los que estaba diseñada y llegó a los cuatro años para el caso de la Viking 1 y los dos para la Viking 2. A partir de la Viking, los científicos comenzaron a trabajar con detalles sobre la atmósfera y la superficie de Marte.

FUENTE: ABC.ES

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