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Los dinosaurios tenían la sangre caliente

Investigadores españoles echan por tierra el principal argumento para considerarlos tan fríos como los lagartos. Creen que mantenían una temperatura corporal parecida a la de los mamíferos

Desde hace más de 40 años, la temperatura corporal de los dinosaurios ha sido un tema de intenso debate entre los paleontólogos. El hecho de que estos animales lograran alcanzar en poco tiempo de desarrollo decenas de metros de longitud y toneladas de peso hacía pensar que, quizás, tenían la sangre caliente, ya que hace falta un metabolismo alto para un crecimiento tan brutal. Sin embargo, había un detalle en los huesos de los dinosaurios, unos anillos parecidos a los que existen en los troncos de los árboles, que obligaba a creer que eran tan fríos como los lagartos, pues esas marcas se consideraban propias solo de ese tipo de criaturas. Un nuevo estudio publicado en la revista Nature y llevado a cabo por investigadores del Instituto Catalán de Paleontología (ICP) echa por tierra este argumento clave. Según el nuevo trabajo, los dinosaurios eran reptiles de sangre caliente.


36 localidades de donde provienen los rumiantes del estudio
Las líneas de paro del crecimiento (LAGs) se encuentran en los huesos y, de la misma manera que los círculos de los troncos de los árboles, indican cómo se desarrolla el organismo y cuándo deja de crecer por falta de recursos para alimentarse. Hasta ahora, se creía que estas líneas eran propias de los animales ectotermos, aquellos que no generan calor interno -como los reptiles o los anfibios, cuya temperatura corporal depende exclusivamente del ambiente en el que se hallan-, y que no existían en los endotermos, los de sangre caliente. Se pensaba que estas líneas de crecimiento aparecían periódicamente coincidiendo con la estación fría, cuando el metabolismo de los animales incapaces de mantener el calor corporal se modera y detiene el crecimiento.

Pero los científicos del ICP han descubierto estas marcas también en los mamíferos, algo que nunca antes había sido observado. Para ello, analizaron los huesos de más de un centenar de rumiantes actuales de cuarenta especies, como ciervos, antílopes, vacas o bisontes. En todos, tanto si viven en el polo norte como en selvas tropicales, en ecosistemas fríos o cálidos como en húmedos o secos, aparecían estas líneas. Es decir, los mamíferos también dejan de crecer en tiempos desfavorables cuando lo marca su reloj interno.

Sin pretenderlo, los investigadores llegaron a la conclusión de que estas marcas en los huesos de los rumiantes desmentían el argumento principal sobre la sangre fría de los dinosaurios. «Nuestro estudio es el primero que da una evidencia realmente conclusiva de que estos anillos oscuros están presentes tanto en animales de sangre caliente como en los de sangre fría. Esta discusión ya no puede seguir», explica a ABC.es Meike Köhler, investigadora de ICREA y paleontóloga del ICP.

Conservación de especies
«El crecimiento tan rápido que vemos en el tejido de los mamíferos y de los dinosaurios indica que necesitan mucho calor interno que solo una fisiología endoterma es capaz de proporcionar. Los dinosaurios tenían que haber sido de sangre caliente», dice Köhler. «No podemos decir qué temperatura podía alcanzar su cuerpo, pero probablemente era muy parecida a la de los mamíferos o los pájaros en general. Lo más importante es que esa temperatura corporal alta fuera constante y mantenida».

Según la paleontóloga, se trata de una «información muy importante porque nos explica mucho de cómo los seres de sangre caliente han evolucionado durante millones de años». Los científicos también creen que los estudios de estas líneas pueden servir para mejorar la conservación de las especies, ya que nos permite estimar la edad en la que los ejemplares alcanzaron su madurez sexual o el momento de su muerte, y recogen la capacidad de los animales de responder a perturbaciones como la degradación del ecosistema o el cambio climático.

FUENTE: ABC.ES

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